autismo, crianza, Crianza y educación, Dislexia, diversidad, Infancia, TDAH

Las etiquetas siempre se quedan cortas

Hoy escribo desde la frustración. Me duele ver como los niños y las niñas siguen siendo etiquetados de un modo, ya no solo poco profesional, sino que además les hace daño. Daño a su desarrollo, y todo lo que ello conlleva: autoestima, relaciones sociales y familiares, regulación emocional, estados del ánimo, conductas…

Por un lado tenemos el diagnóstico. En muchas ocasiones se recurre, por desconocimiento o falta de medios, a diagnósticos realizados con prisas a partir de observaciones conductuales de otras personas, que además muchas veces llegan de boca de madres y padres con un mínimo de información y mucho miedo, o sea, con un sesgo enorme (sí, sabéis de qué os hablo). A esto añado los informes abultados con datos y explicaciones de como funciona cada test, pero carentes de explicaciones de cómo funciona entonces la persona evaluada o cómo se le puede ayudar. O diagnósticos pura y llanamente mal hechos, que no han detectado todo lo que deberían o han detectado de más. Y ya ni os comento de los que vienen “diagnosticados” de una observación puntual. O como aquel maestro que me mandó a un niño porque “debía tener autismo ya que siempre le rehuía la mirada” y lo que pasaba es que el pobre niño le tenía pavor.

Pero luego está la segunda parte, la parte real, la parte que hace más daño: la etiqueta. Cansada estoy de cómo una etiqueta se utiliza del peor modo posible “con lo que tiene, no va a dar más de sí”, y sirve de excusa para no trabajar, para no esforzarse, para no adaptarse a las necesidades, a la diversidad. O para pensar que ya lo sabemos todo de esa persona “es que tiene TDAH (/TEA/dislexia/DEA/TOC/Down…), así que…” como si con esa etiqueta ya tuviésemos suficiente información sobre la persona. O uno de los que más me revienta: “no hace falta que me cuentes, que ya tuve a otro de estos el año pasado”.

Me resulta muy duro que una etiqueta anule a la persona.

Se nos llena la boca de palabras como DIVERSIDAD, INDIVIDUALIDAD, INCLUSIÓN… pero a la hora de la verdad, no estamos haciendo las cosas bien.

Las etiquetas no nos dan una imagen real de la persona. De qué áreas debemos reforzar más y cómo. De qué áreas nos pueden ayudar a ello, o servir como motivadores, porque son las que mejor se les dan. De cómo debo adaptarme según el modo de aprendizaje de cada persona, y qué metodologías o instrumentos van a ser más útiles.

Cada vez vemos más diversidad, y eso no significa más que debemos trabajar para ajustarnos a las necesidades, a nuevos modos de apoyar el desarrollo de las niñas y los niños.

A todas las personas que trabajáis con peques en particular, que se llevan la peor parte en una etapa fundamental para su desarrollo, os ruego que no os quedéis en la etiqueta, que sigáis exigiendo información y apoyos. Que no dejéis que las etiquetas no os hagan ver a las personas.

Y sí, reconozco que hay ,muchas personas que se desviven por hacer las cosas bien, pero si fuesen la mayoría, no tendría que estar escribiendo esto.

Si un lugar no permite el acceso a todas las personas, ese lugar es deficiente“, Thais Frota.

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